Pasé martes y
miércoles en cama, aún estoy en ella.
Antes habría pasado estos dos días llena de tareas y labores, hoy me doy
cuenta de mi necesidad de reposo, de descanso, de respeto con mi propio cuerpo,
conmigo.
Al principio
pensé que iban a ser dos días absolutamente improductivos. Hoy que ya casi terminan, los encuentro de
una productividad insospechada. Es
cierto que mis tareas habituales se vieron interrumpidas, que no me he metido a
la ducha y menos aún he aseado la casa.
Sin embargo, lo necesario está cubierto, no me ahogo en mugre y mis
animales tienen comida.
El resto de lo
necesario, que no puedo resolver sin salir de mi cama (o muy poco), lo cubre mi
manada: compras, cuidados, mensajes...
¿Dónde está la
productividad entonces?
Adentro mío. Me he reencontrado con partes de mí que no
veía hace tiempo y he reconocido otras que se vienen asentando últimamente.
Puedo reconocer
con claridad que:
1. He madurado. Nunca quise llegar a este punto, me negué. No
importaron las declaraciones sobre la existencia de distintas maneras de
madurar. Siempre me pareció una opción
aburrida, chata, "el inicio del resto de mi vida", el día de la
marmota. Hoy veo que no es "tan
peor". Tiene cosas buenas: una
autoestima renovada, una instalación en el mundo empoderada, y proyectos, miles
de proyectos y posibilidades por delante.
La vida no será cada día lo mismo, será cada día novedosa, distinta. Mi miedo no tenía asidero, yajúuu!!!!
2. Puedo andar
lento. Puedo hacerme cargo de un andar
circular, elíptico, lento, hasta grácil.
Puedo no responder de inmediato, puedo olvidar cosas, puedo dejar tareas
a media. Y no importa. Nadie me juzga por eso, nadie ni siquiera lo
nota. No porque no me vean, sino porque
no es relevante. Puedo detenerme en mi
ida al baño y jugar con mi perra, o asomarme a la logia, a un rayito de sol y
acariciar a mi gata.
3. Encontré la
belleza del camino. Ya no necesito
llegar a alguna parte. Siempre traté de
entretenerme "en el camino", ahora no hay lugar de llegada, no tiene sentido.
¿Dónde podría llegar? No concibo el concepto de llegada en relación a la propia
vida. Llegar a salir del cole, a
titularme, a ¿casarme?, a tener hijos, a comprarme una casa, etc. etc. Todas
las opciones son un momento, ninguna es una meseta, incluso en términos de desarrollo
y evolución personal, nunca voy a estar "lista". ¡Porque no tiene sentido estarlo! ¿Lista para
qué? Las frutas están "listas" cuando maduran, listas para ser
comidas, y como me dijo una amiga una vez: yo no soy una fruta en refrigerador
esperando que abran la puerta y se la coman.
¿Qué más puedo
pedir? Más años, porque el viaje es
largo <3

No hay comentarios.:
Publicar un comentario