Hace unos 2 años fui a ver una dermatóloga porque me estaban saliendo arrugas. Me miró con cara de "Oh, dios, ayúdame con semejante tipo de imbécil" y me recetó 2 cremas.
Hoy me di cuenta de que aún me quedan de las dos cremas, es decir, en dos años no he sido muy constante en su aplicación. Superado el impasse, me miré la cara y me di cuenta de que las arrugas que vi permanecen igual. Después de decidir dejar mis canas en su lugar parece que me reconcilié con esta nueva yo que empieza a aparecer, y ese espíritu de aceptación empieza a envolver no solo mi pelo sino que el resto de mí.
La verdad, ahora no me parecen tan evidentes mis arrugas, ni tan amenazantes, ni tan perturbadoras. Hasta creo que me quedan bien. Son mías. Me gustan. Soy yo. Y creo que ahora me gusto más que antes.
Al parecer la visita a la derrmatóloga fue un poco histérica, lo que me hace entender su cara de cuestionamiento a su vocación. En ese momento me parecía obvio correr por ayuda ante una situación de lo más indeseada. Parece que era la pre crisis de los 40. Se venían y se hacían notar.
Hoy los 40 ya llegaron y no me han generado problemas. Es más, hasta me gusta llevarlos teniendo "tan pocas arrugas" (sí, la percepción cambia con el tiempo). Lo que me da un poco de lata ahora son las manchas en las manos. Claramente son por el sol, soy un tanto hipersensible a la luz, pero, no vaya a ser que alguien las vea y vaya a pensar que soy vieja XD.
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