Miss Miranda
Ella habitaba su cuerpo como quien carga un arma.
Se movía a veces suave, a veces rápido. Su cuerpo no era un arma de tortura, no era
un arma violenta, era de otro tipo, más sutil, menos agresiva, aunque igual de
avasalladora.
Era un arma, y ella sabía cómo usarla. A veces era una mirada, a veces un par de
movimientos. Bastaba poco para que ellos
cayeran rendidos. Daba siempre en el
blanco, era muy efectiva.
Verla moverse me hizo pensar en que siempre habité mi cuerpo
como otro tipo de arma, una de resistencia, de rebelión, de desacuerdo. Un arma violenta, un arma de defensa. Un gran muro, impenetrable.
Nunca supe usar mi cuerpo de otra forma, siempre tuve la
sensación de que todos fueron a la clase en que explicaron las instrucciones y
no me avisaron. Sobre todo me pasaba eso
con otras mujeres, las veía conversar entre ellas y sentía que hablaban de algo
que yo no sabía. Manejaban una especie
de secreto a voces que era sólo de ellas, todas lo conocían, menos yo.
Ante eso no me quedó más que desacreditar esa información,
ese saber esquivo, así que me construí un mundo en que coquetear estaba fuera
de las reglas, era “hacer trampa”.
¿Para qué abusar de un pobre hombre que no puede resistirse
a los encantos de una mujer bien plantada? Eso es para mujeres sin
cerebro. Las que tenemos cerebro
argumentamos para llegar a acuerdos, no pedimos ayuda porque nuestro cerebro
nos permite resolver todo solas, no nos arreglamos mucho porque podríamos
desviar la atención de nuestra inteligencia, no necesitamos cariño ni contacto
físico porque estamos ocupadas pensando.
Ver a esta mujer moverse, sumado a un nuevo desafío, esta
vez corporal, me hizo notar mi inmenso temor a habitar mi cuerpo como esa otra
arma, esa seductora, suave, melosa a veces, a veces agresiva. Temo no saber qué hacer con todo eso. Temo no medir las consecuencias. Temo dejarme llevar. Temo perder el control.
¿Qué pasa si esa nueva arma se dispara? ¿Si dejo de ser clever
y empiezo a parecer linda? ¿Qué pasa si dejo de “jugar limpio” con los hombres
y veo qué les pasa frente a esta otra yo? ¿Quién es esa otra yo? ¿Cómo es? ¿Y
si de entrada me seduce a mí y me quedo con ella?
Creo que voy a tener que empezar a portar otro tipo de armas.

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