domingo, 17 de marzo de 2019

Incorrecta




Hoy vi el stand up Nanette, en Netfilx, recomendado por un amigo.  Es, definitivamente, una pieza digna de recomendar.  Recorre varias temáticas que sacan ronchas: homosexualidad, salud mental, diferencias hombre – mujer.

No pretendo hacer una descripción de la rutina, le dejo a cada uno la tarea de verlo directamente (nadie lo dice mejor que el autor).  Lo que yo quiero es detenerme en una de sus reflexiones: el ser o sentirse “incorrecta”.

Con esto no me refiero, ni yo ni ella, a serlo en ocasiones, así como un enfant terrible, sino a serlo permanentemente.  Lo que significa que tu propia existencia es un error, es decir, sería mejor que no existieras.

Me he topado conmigo sintiéndome así y con varios otros habitando la misma sensación.  Callados hace unos años, y reconociendo la situación desde hace otros tantos.  No sé si esto se debe al avance de la sociedad en su capacidad de abordar ciertos temas o a la propia madurez respecto del proceso.

La cuestión es que sentirse incorrecta es una sensación tan básica, tan anclada en la opinión sobre el propio ser que no hay mucha escapatoria, no es algo debatible, no se me/te puede convencer argumentativamente que no lo eres porque mi/tu experiencia vital está anclada en esa “incorrectitud”.

Esta sensación primaria se expresa en distintos momentos, y generalmente, si es que no todas las veces tiene que ver con un otro que, queriéndolo o no, te lo hace notar: una mirada, un silencio, un comentario.  Lo que une a estas expresiones de los otros es la desaprobación: una mirada inquisidora, un silencio desagradable, un comentario sarcástico.  En todos los casos “alguien” te hace notar que estás mal, que acabas de hacer algo tan inesperado como reprobable.

Esto en sí no tiene nada de “malo”, ante un hecho desagradable uno puede manifestar su molestia, poner mala cara ante los insistentes pitidos de bocina de algún automovilista apurado, por ejemplo. El problema se presenta cuando la existencia del otro resulta desagradable y esa expresión de desaprobación “se te sale” o la dejas salir intencionalmente, porque el otro la recibe y no puede hacer nada con ella, a diferencia del tipo de la bocina, que sólo necesita dejar de tocarla para volver a ser “civilizado” y encajar.  
El incorrecto completo tendría que dejar de ser quien es para dejar de ser incorrecto.

Así, ser negro, gay, migrante, flaite, etc. etc. son “errores” que las personas cometen que las hacen indeseables, porque no encajan en lo que la sociedad espera de ellos. El problema es que para dejar de ser un error habría que dejar de existir.

Además debemos considerar a quienes son/somos incorrectos a intervalos bastante regulares, es decir, no podemos ser considerados “Incorrectos totales” pero estamos cerca de serlo. Esto por la dificultad de dejar las conductas incorrectas que nos caracterizan ya que son una parte tan fundamental de nuestro modo de ser que modificarlas sería empezar a ser otra persona.

Si lo pensamos bien, todos tenemos algo de incorrectos, y nos sentimos mal por cómo esas particularidades son recibidas: como una molestia.  La cuestión es que si somos muchos los que nos hemos sentido así, ¿por qué se mantiene la exigencia de “encajar” en un patrón que no tiene pieza que encaje bien?  Sabemos que las reglas de lo permitido son estrechas e injustas con nuestras propias características, pero las seguimos usando, como si tuviéramos malo el botón “aprender”.  Insistir en un deber ser inalcanzable nos pone en un mal pie ante la vida: nunca vamos a encajar y muchos no queremos hacerlo.  No queremos porque nos dimos cuenta de que tenemos una sola vida, y queremos aprovecharla, expandir nuestras capacidades, cumplir nuestros deseos, satisfacer nuestras necesidades y eso requiere de mucha libertad de actuación.

Dejémonos en paz, no pongamos el ojo en el otro para relevar lo que es distinto como una afrenta a mi “normalidad”.  Señora, señor, usted es tan desagradable, a veces, para los demás como todos lo somos, entonces cortémosla con la mirada desaprobatoria y el comentario wevón medio para el lado.  Todo eso es innecesario.  Lo que sí es necesario es cuidar los espacios que nos permiten expandir nuestro propio ser, nuestra propia consciencia de nosotros mismos y de los demás.  Si empatizamos con los otros, si lo hacemos realmente, el molde auto y socialmente impuesto deja de tener cabida, se cae solo.  Reemplacemos la crítica descarnada por la amabilidad.  Les aseguro que todo podría ser mejor.


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