A propósito del bus de la libertad y el sexo binario basado
en un solo indicador quiero contar mi situación.
Hace años fui diagnosticada con una hiperplasia suprarrenal
congénita de inicio tardío, o deficiencia de 21-hidroxilasa. Esto significa que me falta una enzima y esto
genera problemas con la producción de cortisol, y de ahí para adelante, hay
dramas con el resto de las hormonas.
Noté que había algo raro cuando, durante el mes, me salían
pelos en los brazos y dedos y luego se me caían. Por eso empecé con las consultas al médico. Me hacían una revisión clínica y no había
nada raro, es decir, me veía como una mujer “normal”, pero al hacer análisis de
hormonas mi testosterona estaba muy elevada para una mujer. Cuando me atendí con el médico que me
recomendaron como especialista, luego de meses de espera por una hora, por fin
me pidió el examen que se requería para zanjar el asunto y hacer un
diagnóstico. A partir de ahí empecé el
tratamiento con prendisona, en una dosis diaria muy baja. En el camino, me depilé con láser: el bigote,
la pera, las axilas. No por un asunto
estético sino por las complicaciones que tenía el tratar de depilar con métodos
“tradicionales” tal cantidad de pelos.
Mi médico me pidió un estudio genético para ver dónde estaba
la razón del problema. Es un gen
recesivo, por lo que para que se active se debe topar con otro gen que lo
potencie. Mis hermanos no tienen el
problema que yo tengo, por lo que mi madre debe ser heterocigota compuesta.
Como llevo la “falla genética” no puedo andar por la vida
teniendo hijos sin anticiparme a lo que pueda pasar, así que el padre debe
hacerse el mismo estudio que yo para saber si lleva una falla que se potencie
con la mía. En caso de que sea así existe
la opción de tratar a la madre oralmente durante el embarazo, para evitar que un
feto femenino sea expuesto a una lluvia de hormonas masculinas durante la
gestación. Para esto se debe saber si el
feto es hombre o mujer mediante una muestra que se toma durante el
embarazo. En la católica, sede de mi
médico, no toman ese examen, pues podría afectar la viabilidad del feto. La opción de ellos es medicar a la madre
durante el embarazo sí o sí, hasta que el sexo de la guagua sea visible a
través de una ecografía.
Qué consecuencias tiene este asunto para mí: soy más
masculina que una mujer promedio: más caliente y más agresiva, lo que se asocia
a mi testosterona. Por ejemplo, mi dedo
anular es un poco más largo que el índice.
También podría padecer de alopecia, tal como un pelado viril (con mucha
testosterona).
Si mi “enfermedad” no hubiera sido de inicio tardío, y
hubiera sido lo suficientemente fuerte para haberse manifestado antes, podría
haber desarrollado genitales masculinos y femeninos. En algunos casos, incluso, la mórula recibe
tal enredo hormonal que es incapaz de desarrollarse posibilitando el
surgimiento de tejidos específicos, creando malformaciones que hacen inviable
al feto.
Me veo como mujer, pero “no lo soy tanto”. Por mucho tiempo no entendí la suavidad de
algunas mujeres, su “debilidad” física.
Desconfié de ellas y de su necesidad de ayuda con “tareas pesadas”.
Claro, yo estaba del otro lado, con niveles de energía “impropios” para una
mujer. Con eso a cuestas era difícil
comprender “lo sutil y propio de lo femenino”.
Estereotipos tan marcados sobre cómo debe ser un hombre o una mujer solo
me dificultaron sentirme plenamente una, porque estaba lejos del modelo, y lo seguiré
estando. Ahora soy adulta y he podido
resolver medianamente mi instalación en el mundo, pero no es posible que se le
imponga estos patrones a niñas y niños que están en proceso de desarrollo y de
definición identitaria.
El sexo biológico no depende únicamente de mis genitales, ni
mis cromosomas, ni mis hormonas. Es una
mezcla de todo eso, y ¡no es binario! Basta de imponernos un ideal de ser
sexuado, basta de hacer cargar a los niños con la obligación de ajustarse a un
modelo que resulta opresor.
Exijo libertad, como la que pide el bus, pero yo la quiero
para que podamos desarrollarnos lo más plenamente posible, reconociendo
nuestras diferencias y construyendo desde las riquezas que diferencias
producen.
