jueves, 13 de julio de 2017

Confieso que no soy mujer



A propósito del bus de la libertad y el sexo binario basado en un solo indicador quiero contar mi situación.

Hace años fui diagnosticada con una hiperplasia suprarrenal congénita de inicio tardío, o deficiencia de 21-hidroxilasa.  Esto significa que me falta una enzima y esto genera problemas con la producción de cortisol, y de ahí para adelante, hay dramas con el resto de las hormonas.

Noté que había algo raro cuando, durante el mes, me salían pelos en los brazos y dedos y luego se me caían.  Por eso empecé con las consultas al médico.  Me hacían una revisión clínica y no había nada raro, es decir, me veía como una mujer “normal”, pero al hacer análisis de hormonas mi testosterona estaba muy elevada para una mujer.  Cuando me atendí con el médico que me recomendaron como especialista, luego de meses de espera por una hora, por fin me pidió el examen que se requería para zanjar el asunto y hacer un diagnóstico.  A partir de ahí empecé el tratamiento con prendisona, en una dosis diaria muy baja.  En el camino, me depilé con láser: el bigote, la pera, las axilas.  No por un asunto estético sino por las complicaciones que tenía el tratar de depilar con métodos “tradicionales” tal cantidad de pelos.

Mi médico me pidió un estudio genético para ver dónde estaba la razón del problema.  Es un gen recesivo, por lo que para que se active se debe topar con otro gen que lo potencie.  Mis hermanos no tienen el problema que yo tengo, por lo que mi madre debe ser heterocigota compuesta.

Como llevo la “falla genética” no puedo andar por la vida teniendo hijos sin anticiparme a lo que pueda pasar, así que el padre debe hacerse el mismo estudio que yo para saber si lleva una falla que se potencie con la mía.  En caso de que sea así existe la opción de tratar a la madre oralmente durante el embarazo, para evitar que un feto femenino sea expuesto a una lluvia de hormonas masculinas durante la gestación.  Para esto se debe saber si el feto es hombre o mujer mediante una muestra que se toma durante el embarazo.  En la católica, sede de mi médico, no toman ese examen, pues podría afectar la viabilidad del feto.  La opción de ellos es medicar a la madre durante el embarazo sí o sí, hasta que el sexo de la guagua sea visible a través de una ecografía.

Qué consecuencias tiene este asunto para mí: soy más masculina que una mujer promedio: más caliente y más agresiva, lo que se asocia a mi testosterona.  Por ejemplo, mi dedo anular es un poco más largo que el índice.  También podría padecer de alopecia, tal como un pelado viril (con mucha testosterona).

Si mi “enfermedad” no hubiera sido de inicio tardío, y hubiera sido lo suficientemente fuerte para haberse manifestado antes, podría haber desarrollado genitales masculinos y femeninos.  En algunos casos, incluso, la mórula recibe tal enredo hormonal que es incapaz de desarrollarse posibilitando el surgimiento de tejidos específicos, creando malformaciones que hacen inviable al feto.

Me veo como mujer, pero “no lo soy tanto”.  Por mucho tiempo no entendí la suavidad de algunas mujeres, su “debilidad” física.  Desconfié de ellas y de su necesidad de ayuda con “tareas pesadas”. Claro, yo estaba del otro lado, con niveles de energía “impropios” para una mujer.  Con eso a cuestas era difícil comprender “lo sutil y propio de lo femenino”.  
Estereotipos tan marcados sobre cómo debe ser un hombre o una mujer solo me dificultaron sentirme plenamente una, porque estaba lejos del modelo, y lo seguiré estando.  Ahora soy adulta y he podido resolver medianamente mi instalación en el mundo, pero no es posible que se le imponga estos patrones a niñas y niños que están en proceso de desarrollo y de definición identitaria.

El sexo biológico no depende únicamente de mis genitales, ni mis cromosomas, ni mis hormonas.  Es una mezcla de todo eso, y ¡no es binario! Basta de imponernos un ideal de ser sexuado, basta de hacer cargar a los niños con la obligación de ajustarse a un modelo que resulta opresor.


Exijo libertad, como la que pide el bus, pero yo la quiero para que podamos desarrollarnos lo más plenamente posible, reconociendo nuestras diferencias y construyendo desde las riquezas que diferencias producen.