Estos días de
enfermedad, en que no he podido hacer mucho más que reposar y darle tiempo a mi
cuerpo para que se recupere, he podido pensar y poner atención a algunas cosas
que quieren salir.
Me di cuenta de
que en algún lugar tenía instalada la idea de que soy súper fome, por lo que
tengo que hacer esfuerzos para ser empática, poner atención, responder cosas
amables, etc. Esta es una creencia en
relación a mi vínculo con todo el mundo.
Siento que en un nivel inconsciente siempre tengo que estar tramando
cómo establecer una relación, porque si no lo intencionara mis redes se restringirían
a un par de personas. En ese marco, la
idea o la concreción de una pareja siempre pasa por un intento de agradar al
otro, de ser amable, atenta a sus necesidades, anticipadora, incluso, de lo que
el otro quiere.
Muchos pensarán
que soy bastante ineficaz puesto que a pesar del esfuerzo sigo siendo súper
parca y pesá. Créanme que me cuesta, que
de verdad me esfuerzo. No lo noto en el
momento, me sale no más, pero implica un desgaste y un cansancio que veo luego
de las situaciones de encuentro con los demás.
Un caso especial
es el desarrollo de trabajo de campo cualitativo. Hacer entrevistas me agota, requiero de mucho
esfuerzo para mostrar una actitud de escucha hacia el otro de modo que sólo
conduciéndolo me pueda contar aquello que yo quiero saber. Funciona, pero es agotador.
Hoy día pienso en
que igual es valorable el esfuerzo, podría no hacerlo y ya. Pero lo intento, no tengo drama con eso.
Lo que sí me
complica es la creencia que está a la base de toda esta performance, la
creencia de que soy fome, que no podría agradar a nadie de manera natural sólo
comportándome como lo haría si estuviera sola.
En ese sentido, siempre he creído que tengo que hacer un esfuerzo
especial en agradar a mis parejas, porque, si no fuera así, ¿qué razón tendrían
para estar conmigo?
Reviso el
discurso en mi cabeza y me doy cuenta de lo dañino que es. No sé cómo lo construí, debe ser por los años
que pasé obligada a no moverme mucho, a pasar piola, lo mas piola posible,
porque si me notaba, molestaba.
Seguro ha sido
eso, y a pesar del tiempo que ha pasado y el despliegue de mi propio ser que se
ha ido desarrollando sigo creyendo que soy fome y molesta, y que por tanto debo
hacer enormes esfuerzos para resultar agradable.
Hoy ya no quiero
más esa creencia, no puedo ser tan pior.
Quiero empezar a pensar que alguien si puede querer estar cerca mío sólo
por ser como soy. Cuídense, vamos a ver qué resulta.
